martes, 8 de septiembre de 2015

HIJOS..

                                                                   HIJOS.


Palabra hermosa en la cual va involucrado el mayor sentimiento que jamás pudiese definirse.  Es la prolongación de la vida y la prolongación de  los ideales.  Creo que  si alguna vez luchamos para ellos, sentimos la satisfacción de ser nosotros a través de ellos.  Es tan legitimo e intimo ese sentir, que somos capaces de dar la vida y  de dar lo mas intimo, lo más grande de nosotros para dárselos a ellos.

Que sublime podría  ser más grande, que otro sentimiento podría ser mejor.  En  ellos  conjugamos todos nuestros sentimientos, nuestras vidas completas y nuestros mejores instantes,  son la realización de nuestro ser y la irradiación de Dios en sus travesuras,  la dulzura bella de la naturaleza, la luz de la primavera intensa y el resplandor del sol en las mañanas. Son día y noche en nuestros mejores momentos.

La música de sus risas y  a veces el sollozo de sus ojos, nos hacen sentir que viven, que existen. Sus reclamos nos hacen sentir de nuevo niños  y nos hacen pensar cuando en nosotros, sucedió aquel ayer lejano y feliz. Aquel único instante en el cual también nos sentíamos hijos. 

Al mirar el firmamento y poder descubrir en cada estrella un hijo de Dios, también  podríamos pensar en nuestros hijos. Algunas veces lejanas, algunas otras cerca, pero compararlas algunas veces nos hacen  descubrir que aquellos lejanos luceros, son como ellos, son como aquellas estrellas fugaces que se mueven velozmente a través del tiempo y la distancia.  Que la satisfacción de verlos aunque sea un solo instante, nos llena de gozo el alma..

Que hermoso es ver, acariciar, sentir un hijo.  Que satisfacción es poder tocarlos y aunque sea acariciarlos con la voz.  Algunas veces es la única manera que tenemos disponible para hacerlo.  Pero que satisfacción es tomar la decisión y envolver el sentimiento en  ese instante y realmente volvernos hijos de nuevo y entenderlos.

Creo que renacer ese momento, nunca será difícil.  Creo que si cada uno de nosotros vive el presente y sabe que esos hijos son la continuación de nuestro mismo ser, de nuestra misma existencia, nuestro pasado, también podrá comprender que son también, el presente y nuestro futuro visto con lindos e inocentes, picaros y tiernos, lindos ojillos.   Los quiero mucho mis lindos hijos. 




                                                                   JACK SIKLEB.

No hay comentarios: