Encantos
Cuando la noche estremece tu silencio, me
encanta el sabor de tu sonrisa, me fascina el perfume de tus besos y el
infinito aroma de tu cuerpo; en la profundidad del infinito te veo y siento el
universo entero rodeándonos, te acaricio y con el murmullo de tu corazón,
despiertas lo más íntimo de mi pasión; esos encantos, conjuros, encantamientos,
son hoy el diario ir y venir de mi alma; son la búsqueda de la verdad
desconocida y el encontrar, en el presente, el pasado y el futuro. Qué distinta sensación has podido enseñar a
mi alma peregrina, que embrujaste y detuviste en el infinito, el placer
controlado de querer, el placer de diferenciar, el placer de conocer, el placer
de vivir.
Adormecedora de encantos y de fuentes de
eternidad, de vivencias gigantescas, en el alma más hermosa que halla podido mi
alma encontrar; de placeres desconocidos, profundos, maduros, saturados y la
mayor timidez descubierta, dentro de un océano de realidades.
Cuántos encantos en un solo ser, cuánto
alborozo de vida, cuánta cantidad de sueños y realidades has podido traer
dentro de mí. Cuánta eternidad dibujada
en un instante y placeres ocultos descubiertos, dentro de los sueños que la
imaginación nos puede brindar. Qué etapa
placentera y distinta has podido darme, qué mundo de ilusiones y realidades
pones a mis pies.
Si tú entendieras el palpitar unísono, que
mi alma junto con tu cuerpo produce cuando te escuchan, podrías comprender el
mejor de tus encantos. Podrías gritar al viento y luchar contra las rocas, no
vivir más tus casas viejas, cambiarías tus soles por los míos, descubrirías
nuevas lunas y querrías bautizarlas con otros nombres. Confundirías tu nombre con la aurora y la
eternidad con infinito, podrías vivir en una eterna inmensidad, donde los días
y las noches solo tendrían tu luz, la luz de tus encantos!
Jack Sikleb.

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