HIJOS.
Palabra
hermosa en la cual va involucrado el mayor sentimiento que jamás pudiese
definirse. Es la prolongación de la vida
y la prolongación de los ideales. Creo que
si alguna vez luchamos para ellos, sentimos la satisfacción de ser
nosotros a través de ellos. Es tan
legitimo e intimo ese sentir, que somos capaces de dar la vida y de dar lo mas intimo, lo más grande de
nosotros para dárselos a ellos.
Que
sublime podría ser más grande, que otro
sentimiento podría ser mejor. En ellos
conjugamos todos nuestros sentimientos, nuestras vidas completas y
nuestros mejores instantes, son la
realización de nuestro ser y la irradiación de Dios en sus travesuras, la dulzura bella de la naturaleza, la luz de
la primavera intensa y el resplandor del sol en las mañanas. Son día y noche en
nuestros mejores momentos.
La
música de sus risas y a veces el sollozo
de sus ojos, nos hacen sentir que viven, que existen. Sus reclamos nos hacen sentir
de nuevo niños y nos hacen pensar cuando
en nosotros, sucedió aquel ayer lejano y feliz. Aquel único instante en el cual
también nos sentíamos hijos.
Al
mirar el firmamento y poder descubrir en cada estrella un hijo de Dios,
también podríamos pensar en nuestros
hijos. Algunas veces lejanas, algunas otras cerca, pero compararlas algunas
veces nos hacen descubrir que aquellos
lejanos luceros, son como ellos, son como aquellas estrellas fugaces que se
mueven velozmente a través del tiempo y la distancia. Que la satisfacción de verlos aunque sea un
solo instante, nos llena de gozo el alma..
Que
hermoso es ver, acariciar, sentir un hijo.
Que satisfacción es poder tocarlos y aunque sea acariciarlos con la
voz. Algunas veces es la única manera
que tenemos disponible para hacerlo.
Pero que satisfacción es tomar la decisión y envolver el sentimiento
en ese instante y realmente volvernos
hijos de nuevo y entenderlos.
Creo
que renacer ese momento, nunca será difícil.
Creo que si cada uno de nosotros vive el presente y sabe que esos hijos
son la continuación de nuestro mismo ser, de nuestra misma existencia, nuestro
pasado, también podrá comprender que son también, el presente y nuestro futuro
visto con lindos e inocentes, picaros y tiernos, lindos ojillos. Los quiero mucho mis lindos hijos.
JACK SIKLEB.

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